miércoles, 4 de julio de 2012

Las cámaras digitales y "cómo cambiar la forma de hacer fotos"

El otro día asistí al enlace de mi prima con su novio, el cual según el pensar de mi abuela "desde ése momento ya forma parte de la familia". Dejando de lado los pensamientos de la abuela, asistí a una escena un tanto... ¿insólita?, ¿vintage?.

Sea como fuere, resulta ser que yo mismo viví una escena que hace años era lo más habitual, pero bastante modernizada. Primero echemos la vista atrás unos añitos... algo así como unos... emmm... 10 años será suficiente:

En las reuniones familiares, era habitual llevar la cámara "vacía", tal como la llevamos ahora... con una diferencia: actualmente, lo que llevamos vacía es la tarjeta de memoria, mientras que antes lo que llevabamos vacío (siempre y cuando no hubieran fotos de otros eventos) era el carrete. Solíamos cargar con un par de carretes de 36 exposiciones: el que traíamos en la cámara, y el que nos llevábamos de repuesto "por si acaso". Las fotos tenían que salir bien a la primera, si no, era una foto hecha "a lo tonto". ¿Y las pilas? ¿Qué decir de las pilas? Ésas aguantaban carretes y carretes... recuerdo que mi pequeña Nikon analógica aguantaba, según los papeles, 24 carretes de 36 fotos, lo que vienen a ser unos... 864 disparos. Antiguamente, 864 fotos era una cifra descabellada... recuerdo más de una bronca de mi madre por echar más de 15 fotos a los delfines del zoo. Lo habitual era llevar como mucho 36 o 37 fotos del evento para enseñarlas a tus familiares. Probablemente, si me apuráis mucho, podían ser como mucho unas 45-50 fotos (un carrete de 36 y parte de otro...). Sobretodo, había una frase que se repetía muchísimo (y es la que nos llevará al tema "central" de la entrada de hoy), y era la siguiente:
Va, ponte que hacemos la última foto y así gasto el carrete.
¿Qué pasa si cambiamos la palabra "carrete" por "tarjeta"? Pues eso lo viví en primera persona hace escasos días. Asistí a dicha boda con el equipamiento necesario para cubrirla por completo: cámara, objetivo adicional, cargador, 2 tarjetas de memoria de 2gb y una más de 4gb (no vacía). Parece que es espacio, pero cuando disparas en RAW, que cada foto, incluyendo la copia en JPG, ocupa alrededor de 11-12mb... cada tarjeta de memoria cubre aproximadamente unos 200 disparos (algunos menos, si es que las mates no me fallan... pero no, no me voy a parar a contarlos).

Aquí tenéis una cámara de carrete... idéntica a la mía


Recordáis los 864 disparos que mencioné antes, ¿no? Pues si antes parecían una cifra harto descabellada... ahora son poco menos del doble de fotos que hice. Me tocó cambiar como un par de veces de tarjeta, así que digamos que reviví en un par de veces ésa escena que hacía años que no recordaba.

Y es que la fotografía digital ha cambiado nuestra manera de hacer fotos. Cuando antes un carrete te duraba todo un evento, ahora ese carrete te lo podrías pulir tranquilamente en cosa de unos... 3-4 minutos. Imaginaos el coste de revelar cerca de 500 fotos... podría ser descomunal, ¿no creéis?

Tras más de 500 disparos, su batería seguía marcando llena... ¡os presento a mi actual joya!

Por supuesto, también la forma de mostrar esas fotografías al mundo ha cambiado, gracias en parte a los servicios que nos permiten compartirlas con todo el que queramos. Las redes sociales como Facebook, los servicios de almacenamiento de álbums en linea como Google+ (lo que antes se llamaba Picasa) y otros similares nos permiten mostrar nuestras fotos a cualquiera dondequiera que se encuentre. Pero hay otra cosa que ha cambiado.

No llevamos un álbum de fotos a casa de nuestros familiares para mostrarles nuestras instantáneas, simplemente nos llevamos nuestro ordenador portátil, tableta o lápiz de memoria que podremos conectar en cualquier sitio para verlas. Del pesado álbum de fotos al no tan pesado portátil, a la liviana tableta o al discreto pendrive. Aunque a veces, como dice mi abuela, se echa de menos el hecho de tener las fotografías en papel, una magia que probablemente nuestros hijos no lleguen a ver.

Y sinceramente, creo que es esa magia la que nosotros debemos transmitirles. Se da la coincidencia que nuestra generación (sobretodo cuanto más hacia el 90, mejor!) ha tenido la suerte de vivir el paso de todo lo analógico a todo lo digital. De la cámara convencional de carrete a la digital de tropecientos megapíxels, de las cintas de cassette y los vinilos a los discos compactos y MP3, del VHS al DVD, Blu-Ray, DiVX y similares, de la televisión de toda la vida, con su VLF, VHF y UHF, a la televisión digital terrestre... algún día explicaremos a nuestros retoños que, antes de que existieran todas estas cosas tan sofisticadas, había otras muchísimo más sencillas que hacían exactamente lo mismo... de hecho, yo mismo descubrí hace no mucho que el 3D no es un invento nuevo gracias a mi tío, que poseía un cachivache que mediante visión estereoscópica, generaba el efecto tridimensional... databa de principios del siglo XX, no mucho más allá de 1920... así que imaginad.

Cintas VHS, "olvidadas" y reemplazadas por los medios digitales

Antes de acabar esta entrada, decir que, como habréis notado, está escrita con el sarcastic mode en OFF, así que si andábais buscando los sarcasmos por algún sitio, lamento deciros que, al menos en este escrito, no los encontraréis!

Próxima entrada: no lo sé... probablemente rescate y acabe alguna de las que tengo en borradores.